Andrea Camilleri (1925-) director teatral, y productor de televisión de series como policíacas como el teniente Sheridan o el comisario Maigret, nacido en la isla de Sicilia publicó en 1994 la primera novela que tenemos aquí del comisario Montalbano, en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, creador del detective
Pepe Carvalho, tras adentrarse en la novela histórica del s.XIX. A partir de entonces, y gracias a la publicación en 1998 de "Un mes con Montalbano", una selección de cuentos centrados en la figura del comisario que resulta un record en las ventas, el personaje pasa a ser héroe nacional y protagoniza una serie de televisión basada en sus novelas, que hasta este año 2009 con "Ardores de Agosto" tiene una lista de catorce.

El comisario Montalbano reside en la localidad ficticia de
Vigàta en la también ficticia provincia de Montelusa en Sicilia, "una caricatura de Manhattan a escala reducida". Hombre del lugar desde muy pequeño, donde hasta compartió pupitre con
Gegè Guillota uno de los empresarios nocturnos del lugar y que se encarga de la prostitución en la zona del aprisco, es una persona bastante perspicaz y un amante de la buena mesa, cualidad en común con el detective Carvalho. Vive solo, aunque tiene pareja en Génova a la que ve ocasionalmente cuando su trabajo no se lo impide, y a causa de su horario dispone de una asistenta de nombre Adelina, madre de uno de sus detenidos, que le hace las faenas de la casa y le prepara las comidas y con la peculiaridad, al menos en la primera novela, de que no aparece físicamente pero sí sus delicias en la nevera.
Dispone de un grupo de agentes en su equipo bastante decente, aunque también algo impulsivos, y mantiene estrechas relaciones altos cargos como el jefe superior de la policía, o el presentador del canal local Retelibera,
Nizolò Zito, por cuya mano pasa mucha información jugosa sobre lo que se cuece en intrigas políticas, contactos, y demás, y como no el médico forense
Jacomuzzi encargado de cortejar las pruebas y examinar los cuerpos, y de informar hasta al Vaticano de la información obtenida (que conste que es una manera de decir, no mezclemos intrigas al estilo de Dan Brown).
Después de esta pequeña introducción de personajes que como no se irán repitiendo a lo largo de la saga con sus propios argumentos secundarios, dando al entorno y a la vida del comisario el mundo propio y familiar que le rodea, centrémonos ahora en el caso del cadáver del ingeniero Luparello.

Durante la patrulla de limpieza matutina en la zona del aprisco, encuentran un BMW de color verde aparentemente vacío. Cuando se acercan a investigar descubren el cuerpo del ingeniero Luparello muerto en una postura no muy normal con los pantalones bajados hasta las rodillas. Avisan a la policía, y le asignan el caso al comisario Montalbano presentándose inmediatamente en el lugar que ya están examinando los forenses. Según los testigos todo apunta a un encuentro nocturno con una mujer, cosa nada de extrañar en ese lugar donde es una práctica muy habitual, que desaparece poco después de su encuentro sexual. Pero algo hay extraño en ese encuentro que le hace a Montalbano sospechar, por lo que pide el aplazamiento de unos días al juez instructor para proseguir sus investigaciones en contra de las presiones familiares y políticas que no quieren otra cosa que cerrar el asunto cuanto antes.
A su vez, alguien está preguntando por un collar perdido en la zona en cuestión
y que ha ido a parar a manos de uno de los descubridores del cadáver, mientras la mano derecha de Luparello, el
abogado Rizzo, es tomado como ayudante del
nuevo secretario provincial, que había tenido algún choque de otro dentro del partido con el ingeniero.
Como se hace notar, las intrigas políticas que hay en el ambiente, y las extrañas circunstancias de la muerte de una persona tan distinguida dentro del mundo político hacen que un caso de muerte rutinaria aparentemente sencillo de lugar a una trama que, no exenta de momentos que no dejaran de dibujarnos una cierta sonrisa irónica, no nos dejará indiferentes y sí un agradable sabor de boca que, como un delicioso plato de espaguetis con erizo de mar, se nos hará quizás algo breve y nos dejará con ganas de más.
Así que tras mi segunda experiencia leyendo a un autor italiano tras
Massimo Carlotto y su Caimán y coincidiendo en trama negra y policial, mi valoración no puede ser más positiva.
En la biblioteca me espera ya la siguiente aventura de Montalbano,
"el perro de Terracota", cuyo argumento es un poco más complejo y en la que seguiremos al protagonista y a su entorno con unos personajes que poco a poco se nos otorgarán familiares respirando el aroma de una Sicilia actual.
Mamma mia.