jueves, abril 06, 2006

Relato: Ruptura

A veces parece que lo tenemos todo controlado, que miremos donde miremos esa espina oculta que mantenemos alejada de la vista de los demás y de nosotros mismos, no molesta, y aunque así fuera, nuestra cabeza se encuentra bien alta, indiferente. Pero es inevitable. Cuando más pareces querer olvidarte de ciertas cosas éstas vienen a ti cuando menos te lo esperas avivando la llama de una herida.

¿Por qué estoy escribiendo todo esto? Tal vez intento vaciar el contenido de mi mente poniéndolo en otro sitio donde no me pueda visitar tan a menudo como lo hace. Así, a lo mejor, consigo poder dormir tranquilo.

Realmente no sé como pasó, simplemente ocurrió, y precisamente en ese momento.

- Mira, a esa chica la acaba de dejar el novio.

Mi vista se dirigió entonces a donde sus palabras apuntaban, y entonces la vi. En ese instante mi corazón fue arrastrado con cada lágrima que intentaba contener, con cada sollozo entrecortado que se apagaba a la salida de sus labios, con cada paso que daba mientras su cuerpo no dejaba de temblar, hacia el interior de su pecho. La acera se transformó en un pasillo que no parecía tener fin, y los coches que habían aparcados en gente que permanecía como testigos mudos a la situación.

El tiempo pareció detener todo a nuestro alrededor. El dolor tomó forma sólida ahogándola con cada recuerdo que se escurría entre las manos, sin poderlos atrapar.

Intentaba mirar hacia delante, mantener la vista fija en un punto sin pensar en nada más. Los metros se hacían kilómetros sabiendo que no podría jamás volver a esos días en que sus ojos se fundieron con unos labios llenos de dulzura.

Cada frase, cada gesto, cada mirada, anteriormente entregadas y a la vez recibidas eran ahora solo cenizas de una colilla con las que el aire jugueteaba a su antojo.

Sentí que su cuerpo temblaba, ¿o tal vez era el mío? No sabría decirlo. Se había despertado una sensación que mi mente había intentado guardar y lo había transformado en algo demasiado físico y real.

No llegó a volver sus ojos hacia donde yo estaba. Estaba demasiado preocupada por contener las miles de sensaciones que querían salir de su cuerpo y no echarse a llorar allí. Debía aguantar, ser fuerte. Pero tarde o temprano todos caemos. Yo lo sabía, y ella se daría cuenta en cuanto se creyera a salvo de las miradas de la gente. Cuando su boca intentara preguntarse el porqué, no habría escapatoria. El cuerpo se le derrumbaría buscando un punto de apoyo para no caer mientras su mirada se perdería entre el escozor y las lágrimas que no se detendrían resbalando por un rostro pálido y vacío de esperanzas. Alguna de ellas llegaría a rozar los labios, y la sensación de impotencia a respirar normalmente con las fosas nasales ahogarían su garganta. Todo ello junto una sensación de frío en cada centímetro de desnuda piel que un corazón destrozado a mil por hora no era capaz de abrigar con su calor. Ya le llegaría a ella también.

La observé mientras sus pasos la guiaban hasta el semáforo. Debajo de él parecía tener completamente el control de la situación. Demasiado decidida, quizás.

Un autobús con un gran anuncio de conexión gratuita a Internet se aproximaba rápidamente y éste todavía seguía en rojo. Mi mente por un breve instante de tiempo pensó lo peor. Quise en esos momentos introducirme dentro de su cabeza y saber que era lo que de verdad ocurría dentro de ella, pero sus ojos parecían haber perdido las palabras.

En aquel momento, mi colega me llamó la atención sobre otro asunto y cuando de nuevo volví la cabeza hacia aquel lugar ella ya no estaba.

Pensé entonces en lo que había oído sobre el novio, y no pude evitar preguntarme si mi amigo habría visto algo más de lo que había pasado, si existió una sombra que hubiera torcido la esquina y que yo no llegara a apreciar, una figura que bajara con pasos constantes las escaleras sin ni siquiera mirar atrás.

Cuando volvíamos al coche nos la volvimos a cruzar, justo delante del semáforo opuesto, en ese mismo sitio. Esta vez pude mirarla directamente a los ojos y le sonreí cuando pasaba junto a su lado, pero sé que ella ni siquiera me vio, y si lo hubiera hecho no creo que se hubiera dado cuenta de la verdadera razón por la que lo hice.

“Podrás volver a recuperar la ilusión cuando seas capaz de liquidar por completo las tinieblas del pasado.”

(c) Jessie