lunes, junio 19, 2006

Relato: Bajo presión (IV)

El protagonista se había reunido con el resto de sus compañeros en el otro aula y observaba totalmente paralizado como aquellas cosas avanzaban hacia ellos. Las ventanas seguían abiertas y se especulaba con salir por allí. La altura no era demasiada y no se veía nada extraño abajo. La verdad es que apenas se veía nada de nada. La claridad cada vez era menos apreciable. Pero era la solución más lógica y más razonable, pensaban. No era el momento de ser individualistas y se escogieron dos voluntarios que explorarían el terreno antes de que pudieran bajar los demás. Primero bajarían las chicas y luego los chicos. No hubo quejas, total para cuatro o cinco que había de ellas. Mientras tanto otro grupo se encargaría de la defensa en ese lado del frente cerrando el paso a esas malditas cosas.

Marco y Ferran no tuvieron ninguna dificultad en bajar. Una vez tocado el suelo echaron un vistazo alrededor de los matorrales mientras sus compañeros les observaban impacientes en la ventana. No parecía que hubiera nada extraño e hicieron una señal para que comenzaran a bajar a las chicas. En ese momento algunos chicos se amontonaron en las demás ventanas y empezaron a saltar sin ningún orden concreto hacia su salvación. Cuando comenzaban a correr un número considerable de ellos y apenas habían puesto en tierra firme los pies dos de las chicas se vio un gran resplandor en el cielo que dejó a todo el mundo ciego durante un instante. Pasaron unos cinco segundos hasta que sus ojos volvieron a acostumbrarse a aquella falta de luz. Durante ese tiempo se escuchó un gran estruendo cerca de ellos y uno de los árboles se derrumbó con tal fuerza que arrastró a cuatro de los chicos bajo su enorme cuerpo. Dos de ellos murieron instantáneamente al quedar sus cabezas completamente destrozadas con la magnitud del golpe. Sus facciones apenas quedaron reconocibles. De los supervivientes, uno tenía completamente destrozadas las piernas y simplemente se retorcía de dolor. El cuarto había tenido suerte y solo tenía unos rasguños. Miró a su compañero e intentó levantar el tronco. Como no tenía suficiente fuerza él solo pidió ayuda a los demás. La gente ya no sabía que hacer, creer o pensar. ¿Cuando acabaría esa maldita pesadilla? Marco y Ferran fueron a ayudar. La gente de arriba también bajó mientras a sus espaldas se distinguía un resplandor amarillo y el aula comenzaba a llenarse de humo. El chico estaba realmente asustado y no paraba de llorar. Todos en ese momento sentían lo mismo. Al final entre 6 personas pudieron apartar esa enorme madera de aquel pobre chico. No paró de quejarse en toda la operación y cuando vieron en que estado tenía las piernas comprendieron porqué. Tenía la rodilla derecha completamente destrozada y el hueso de la izquierda se había desencajado por completo y asomaba fuera del tobillo. El espectáculo no era agradable para ninguno de ellos. Rompiéndose la camiseta y unos palos Ferran le aplicó un torniquete en cada una mientras los otros buscaban un par de ramas largas para improvisar una camilla. Las dos chicas no se habían movido ni un paso de donde estaban abrazándose la una a la otra.