martes, octubre 31, 2006

Relato: Rehuyendo el tiempo

08:00 horas. En algún lugar de la universidad.

Miro a mi alrededor y no hay nadie. De vez en cuando distingo algún ruido y voces detrás, a mi espalda, en el pasillo. Y alguna vez que otra unos pantalones que suben o bajan las escaleras, cuyos cuerpos quedan cubiertos por el marco de la ventana que queda enfrente.

Vaya, ahora he visto un pájaro. Ha ido a posarse solo en un pequeño árbol donde apenas comienza a dar el sol, y le ha sonreído a la mañana. Su cabeza se mueve continuamente hacia los lados. Otros pájaros parecen llamarle, y él contesta, pero no se mueve de su sitio. Parece estar esperando a alguien en concreto.

En este momento intento no pensar en el tiempo que me queda por delante y me dejo distraer con cualquier cosa intentando no mirar hacia mi reloj.

Reunión de compañeros. Cuatro pequeños amigos alados acaban de posarse entre las ramas de uno de estos grandes arbustos cuyos frutos son pequeños y rojos. Mi mente se deja llevar unos cuantos años atrás. Al lado de mi antiguo colegio había una valla que siempre estaba llena de esas pelotitas rojas. Decían que eran venenosas. Quien sabe, yo no tuve ganas de comprobarlo, ni tengo ganas ahora. A lo mejor simplemente te dan un enorme dolor de barriga y te estriñen durante toda una semana, como que no pasa absolutamente nada.

Vuelvo mi mirada otra vez al árbol. Ya no veo al pequeño visitante. Seguro que tendría otras cosas mejores que hacer ahora que está acompañado.

La puerta que tengo a mi espalda ya se ha abierto unas cuantas veces.

Cada vez que observas la noche,
cada vez que estás despierto
cuantas cosas ocurren
sin que queden constancia de ello.

Perdón por la interrupción, ¿por dónde iba? Ah, sí. Ya lo leo un poco más arriba. Quería decir que ya no soy el único ocupante de esta estancia.

Tres chicas se encuentran sentadas en la mesa que tengo a la espalda, y otra ha dejado la carpeta para salir poco después. Las que quedan están en dos grupos. (Bueno, si se puede decir que una sola persona es un grupo). La chica solitaria está justo en la esquina. Silenciosa. Con la mirada fija pasando algunas hojas a limpio. A las otras dos las tengo justo detrás. Solo las he mirado cuando han entrado. Si lo hiciera ahora, se notaría demasiado. Lo que sí percibo de ellas son sus voces. En todo el rato desde que han tomado asiento no han parado de hablar y de pasar continuamente hojas, de algún libro supongo.

Entran ahora tres chicos. El ruido de la puerta hace que dirija mi mirada hacia ellos durante un breve instante de tiempo. Se colocan en la mesa que hay al fondo, a mi izquierda, junto a la ventana. Parecen estar hablando sobre un ejercicio que hicieron en clase: “¿Así que os mandó hacer esto en media ahora?” “No, en diez minutos. “ “Bueno, si, pero,... “. La conversación continúa con sus voces sobresaliendo por encima de la de las dos chicas.

No se cuanto tiempo llevo ya así, oyendo las conversaciones que vienen de las dos partes de la habitación. Ni siquiera me importan. Una de las chicas tose y la otra le contesta algo. La que hay sentada sola, apenas se hace notar, sino fuera porque cada vez que levanto la vista distingo su silueta con el rabillo del ojo.

Los chicos se levantan. Parecen decir algo de ir abajo a hacer unas fotocopias. “¿Tú te quedas Paco?” Éste mira a sus dos compañeros que ya se han puesto de pie y contesta: “No. Ya voy con vosotros.” Y salen hacia el exterior.

En estos momentos ya no se que decir. Creo que no lo he sabido en toda esta mañana. Las ideas se mezclan dentro de mi cabeza sin dirigirse a ningún sitio en concreto. Quizás sea solo un sueño. Quizás no.

FIN
© Jessie