No me la merezco. Cada vez que la miro me doy más cuenta de que es imposible que esté conmigo. Y sin embargo es así. Es que aún no me lo creo. Todavía recuerdo el primer momento que la vi. Aún me acuerdo de sus ojos perdidos en el vacío de aquella sala y de la vaga sonrisa con la que saludaba a la gente, nada que ver con la que tiene ahora. Pero tiene algo en sus ojos en este momento que me inquieta. No sabría decir el qué, pero seguro que no es nada bueno. Bueno, lo mejor será intentar tranquilizarse. Quizás solo sean imaginaciones mías.
En este momento soy incapaz de decir nada. Me limito a observar cada gesto, cada movimiento que hace recreándome en ellos, en las miles de sensaciones que se hacen sentir intensamente por el interior de mi piel.
- ¿Todavía me quieres?
Su pregunta rompe el mudo silencio de la habitación y me coge completamente por sorpresa. ¿Cómo es que duda de mí? Vale que últimamente me haya comportado de modo un poco raro. Si ella supiera... Pero nunca he dejado de quererla.
- ¿Por qué lo dices?
- Sabes muy bien porqué.
En este momento soy incapaz de decir nada. Me limito a observar cada gesto, cada movimiento que hace recreándome en ellos, en las miles de sensaciones que se hacen sentir intensamente por el interior de mi piel.
- ¿Todavía me quieres?
Su pregunta rompe el mudo silencio de la habitación y me coge completamente por sorpresa. ¿Cómo es que duda de mí? Vale que últimamente me haya comportado de modo un poco raro. Si ella supiera... Pero nunca he dejado de quererla.
- ¿Por qué lo dices?
- Sabes muy bien porqué.
Sus ojos no se separan de los míos intentando leer más allá de las simples palabras. Un leve escalofrío recorre mi espalda. Sí, creo saber a qué se refiere.
- Me has preguntado si todavía te quiero, y sí, es así. Te quiero como jamás he querido a otra persona en toda mi vida. Cada minuto, cada segundo que no te tengo junto a mí un gran vacío oprime mi pecho preguntándome dónde estarás, qué harás, cuándo te volveré a ver,..
Por un leve instante baja su mirada. No parece que la haya convencido mucho, y más si sabe lo que me parece a mí que sabe.
- ¿Quieres dejar de jugar conmigo, por favor? He intentado darle miles de vueltas a todo esto preguntándome si yo habría tenido la culpa, buscando una razón para que yo haya dejado de gustarte como antes.
Dios, ¿cómo podía estar diciendo eso? Si alguien tenía la culpa ESE era yo, y nada más que yo. Nunca de verdad habría pensado en que ella sufriría así por una equivocación mía. Está muy nerviosa. Por sus ojos comienzan ya a aflorar las primeras lágrimas.
- Vamos Jess, tranquilízate por favor. ¿Cómo podrías tú haber sido la causa siendo tan dulce y a la vez tan preciosa? Si alguien merece ir a la hoguera lo tienes delante. Vamos, mírame boba. ¿Es eso una sonrisa? Dime que sí.
Ella asiente con la cabeza. Me acerco a ella y la rodeo con mis brazos. Nos miramos durante no se cuanto tiempo hasta que lentamente acerco mis labios a los suyos y nos besamos.
De repente me aparta de ella y se levanta.
- ¿A esa tal Sandra también la besas así?
Es como si me hubiera lanzado un jarrón de agua fría. No se que contestarle. En estos casos cualquier cosa que uno diga puede ser utilizada en su contra.
- Solo es una amiga con la que he coincidido algunas veces. Nada más.
- ¿Acaso no la has besado? Vamos machote. Dime algo. Sabes que no puedes mentirme. Te conozco demasiado bien.
Tiene toda la razón. No puedo ocultarle nada. Por ese motivo solo puedo quedarme callado y ver como en respuesta ella se dirige hacia la puerta con su chaqueta en la mano.
No hago nada por intentar detenerla. Eso la pondría más furiosa. Cierra la puerta tras de sí sin ni siquiera dirigirme ni media palabra más. Soy un completo imbécil y ella al final se ha dado cuenta.
Mejor será que deje pasar un par de días antes de intentar hacer algo. El tiempo nos vendrá bien a los dos.
- Me has preguntado si todavía te quiero, y sí, es así. Te quiero como jamás he querido a otra persona en toda mi vida. Cada minuto, cada segundo que no te tengo junto a mí un gran vacío oprime mi pecho preguntándome dónde estarás, qué harás, cuándo te volveré a ver,..
Por un leve instante baja su mirada. No parece que la haya convencido mucho, y más si sabe lo que me parece a mí que sabe.
- ¿Quieres dejar de jugar conmigo, por favor? He intentado darle miles de vueltas a todo esto preguntándome si yo habría tenido la culpa, buscando una razón para que yo haya dejado de gustarte como antes.
Dios, ¿cómo podía estar diciendo eso? Si alguien tenía la culpa ESE era yo, y nada más que yo. Nunca de verdad habría pensado en que ella sufriría así por una equivocación mía. Está muy nerviosa. Por sus ojos comienzan ya a aflorar las primeras lágrimas.
- Vamos Jess, tranquilízate por favor. ¿Cómo podrías tú haber sido la causa siendo tan dulce y a la vez tan preciosa? Si alguien merece ir a la hoguera lo tienes delante. Vamos, mírame boba. ¿Es eso una sonrisa? Dime que sí.
Ella asiente con la cabeza. Me acerco a ella y la rodeo con mis brazos. Nos miramos durante no se cuanto tiempo hasta que lentamente acerco mis labios a los suyos y nos besamos.
De repente me aparta de ella y se levanta.
- ¿A esa tal Sandra también la besas así?
Es como si me hubiera lanzado un jarrón de agua fría. No se que contestarle. En estos casos cualquier cosa que uno diga puede ser utilizada en su contra.
- Solo es una amiga con la que he coincidido algunas veces. Nada más.
- ¿Acaso no la has besado? Vamos machote. Dime algo. Sabes que no puedes mentirme. Te conozco demasiado bien.
Tiene toda la razón. No puedo ocultarle nada. Por ese motivo solo puedo quedarme callado y ver como en respuesta ella se dirige hacia la puerta con su chaqueta en la mano.
No hago nada por intentar detenerla. Eso la pondría más furiosa. Cierra la puerta tras de sí sin ni siquiera dirigirme ni media palabra más. Soy un completo imbécil y ella al final se ha dado cuenta.
Mejor será que deje pasar un par de días antes de intentar hacer algo. El tiempo nos vendrá bien a los dos.
(Continuará)
(c) Jessie
(c) Jessie


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