martes, febrero 27, 2007

Relato: Relámpagos (III)

1 - 2 - 3 - 4a

Sus ojos observaban aquellos monitores con atención. Todo en ellos era normal: la gente reía, bailaba, bebía, e incluso en aquellos rincones oscuros de la sala sur había gente que se lo estaba montando.

Cambió al canal de los servicios. En el de los chicos cosas poco agradables que ver: un tío tenía completamente la cabeza metida en el water vomitando quien sabe qué, otros arreglándose el pelo. Hasta en uno de los servicios había uno haciéndose ... Ejem. Mejor cambiar de lugar.

En el de las chicas todo seguía con la acostumbrada rutina femenina: que si el tío está buenísimo, que sí tía, te lo juro, no me acosté con él, que si ¿por qué de todos los tíos que hay aquí me ha tocado ese jodido plasta?,.... Las paridas de siempre. Su mirada quedó atraída por una de las puertas cerradas de los servios. Enfocó la cámara hacia la parte de abajo, donde pudo apreciar dos pares de zapatos femeninos. Sonrío. Así que dos tías se lo estaban pasando bomba allí metidas ,¿eh?. No era la primera vez que ocurría eso.

Se acordaba incluso de una pareja de travestíes que habían hecho lo mismo. El follón que montaron cuando se les indico amablemente que abandonaran el servicio de las chicas y se fueran a casa si no querían tener problemas más serios. Con un nerviosismo impropio conectó la cámara de la parte de arriba. Estaba colocada estratégicamente de tal manera que se podía enfocar perfectamente cualquier ángulo de aquellos pequeños recintos. Ahora la imagen aparecía nítida delante de él, pero no fue lo que esperaba. Las tías se estaban poniendo hasta el culo de coca. Sus ojos estaban fuera de onda y no paraban de reírse. Apoyada la una a la otra hacían turnos para limpiar aquella pequeña bandejita del polvo blanco. Con la última aspiración intentaron tranquilizarse un poco y abrieron la puerta dispuestas a salir. Casi se desparraman las dos sobre el suelo nada más dar el primer paso. Menos mal que una de ellas consiguió aguantar el equilibrio. Las otras usuarias las miraban de forma extraña. Pero ninguna dijo nada. Simplemente volvieron la cabeza y siguieron hablando de sus cosas. Ésas dos se dirigieron tambaleándose y riéndose hacia la salida para seguir su gran juerga en la pista de baile. Mejor avisaría a los de seguridad por si acaso.

En ese momento sonó el teléfono. Su mente quedó paralizada durante unos breves segundos. Miró su reloj: la 1:17. Con el pulso temblando, cogió el auricular y se lo acercó al oído. Intentando que su voz fuera lo más firme posible dijo:

-¿Diga?

- Hola, soy yo.

Claro que era él. Aquella voz gruesa y desinteresada con aquel leve matiz de que si no hay beneficios por medio todo lo demás le importa una mierda.

- Esperaba tu llamada. ¿Cómo ha ido?

- No pareces muy entusiasmado, ¿verdad? ¿Acaso noto cierta culpabilidad en tu voz?

- No, claro que no.- mentía. Se estaba poniendo nervioso. Debía calmarse. - ¿Lo has hecho?

- ¿Lo dudas?

Eso era cierto. Sabía muy bien lo que hacía, por eso le había contratado. Era rápido, limpio, pero sobretodo eficaz.

- Ha sido un trabajo muy fácil.- continuó - Tendrías que haber visto la cara del padre cuando le he explicado que le haría a su hija si no me daba las cintas. El tío casi se mea en los pantalones. Lástima que los tuviera que eliminar a los dos después.- dicho esto se echó a reír.

Se enjuagó la frente. Sí, no existió nunca otro camino. No debía dejar nada que lo implicase en aquel asunto. Le daba rabia el haber sido tan ineficaz y haberse dejado robar de aquella manera. Suspiró. Ya estaba hecho. Podía salir de aquella maldita pesadilla que no le había dejado dormir durante toda aquella semana.

- Entonces, ¿tal cómo quedamos?

- Exacto. - hizo una pequeña pausa.- Espero que tengas el resto de la pasta.

- Tran-tranquilo, la tengo.

No sabía porqué había temblado. Quizás el miedo que se te mete entre los pulmones creando un vacío que no te deja respirar. Quizás había sentido un lapsus de lo que él le podría hacer si no le pagaba. Todo va bien. Todo va asquerosamente bien ,se repetía continuamente .

- Eso espero. Te llamaré. - y colgó.

Aún seguía con escalofríos cuando dejó el auricular en su sitio. Respiró hondo y con el pañuelo que seguía en su mano izquierda se volvió a enjuagar la frente. Se levantó y recogió la pequeña nevera que había traído de casa. La abrió y sonrió. Todavía le quedaban unas cuantas, así que agarró una de las latas y se la pasó por el rostro. Que gusto. La destapó y sorbió aquella cerveza fría que a medida que iba atravesando la garganta le hacía sentirse cada vez mejor.

Su atención volvió a los monitores. ¿Dónde se habrían metido? Las había perdido. Igualmente daría el aviso, nunca se sabe. Su boca se acercó al micrófono que tenía sobre la mesa y apretando el botón anunció:

- Aquí Óscar. Andan por la sala un par de nenas que llevan un colocón de cuidado. Si las veis, vigiladlas. Si dan problemas ya sabéis lo que tenéis que hacer. Eso es todo.

Se apoyó sobre el respaldo de la silla. No sabía porqué pero le parecía que se le había olvidado alguna cosa por decir. Intentó pensar el qué durante unos instantes hasta que por fin recordó. Volvió a acercarse al micrófono.

- Hola. Soy yo otra vez. Me parece que se me ha pasado decir como son. Una rubia de pelo largo con un minivestido de una sola pieza color azul y la otra, morena de pelo corto con falda negra y un top bien ajustado de color amarillo chillón.

Su espalda volvió a caer sobre la silla. Miró nuevamente su reloj. Aún le quedaban unas cuantas horas en aquel lugar. Se acercó a la pequeña tele que tenía a su derecha y la encendió. La película del plus estaría a punto de comenzar ya y se dispuso a esperarla. Creía recordar el título: Carcel Caliente II o algo parecido. Poco importaba eso en aquellas cosas. Sonrió y estirando el brazo volvió a coger otra cerveza.

(Continuará)

(c) Jessie