jueves, junio 28, 2007

Relato: Relámpagos (4a)

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Al final no había pasado nada. Estuvo esperando hasta casi la una de la madrugada en aquel lugar y no había venido nadie. El número de teléfono que le habían dado como contacto estaba todo el rato comunicando. Había oído la sirena de la policía. Algo había ocurrido no lejos de allí.

Se encontraba ya de camino ha su casa, si es que aquello se podía llamar así. Pero era SU hogar. El único sitio que tenía. No había encontrado ningún taxi y las calles estaban completamente desiertas y oscuras. De vez en cuando escuchaba algún ruido proveniente de alguna parte, o distinguía una pequeña luz intermitente moviéndose tras alguna ventana. Poco le importaba aquello y lo que había ocurrido. Solo esperaba llegar allí y estirar las piernas encima de la cama mientras fumaba un paquete entero.

El mono le estaba llegando. Debía haber sido más previsor. Sus dedos jugaban continuamente moviéndose nerviosos como si faltara algo entre ellos. No paraba de humedecerse los labios y su lengua derrochaba energía con humo inexistente. Sus pasos se volvieron toscos e irregulares sin saber a ciencia cierta donde apoyaba cada vez los pies. Lo que hubiera dado por una miserable calada.

Era una tontería y lo sabía. Inspirar y expirar humo, vaya cosa. Encima el bolsillo pedía un respiro de vez en cuando. Fumaba demasiado y lo sabía. Últimamente llegaba a las diez cajetillas diarias. Mira que lo había intentado dejar varias veces. Había probado de casi todo. Primero intentó disminuir la dosis y fumar los Light . Hasta se había comprado alguna vez que otra un paquete de esos que casi no tienen nicotina y alquitrán, pero eso sí que era tragar solo aire. Para que le hiciera la mitad de efecto de un cigarrillo normal se fumaba tres cuartas partes del paquete. Fue un desperdicio monetario que no se pudo permitir. Luego intentó lo de los parches de nicotina, pero en cuanto sudaba un poco aquello se volvía pegajoso y olía fatal. Lo de las pastillas tampoco fue una buena idea, sobre todo porque tenía que ir al centro médico para que se las recetaran. No duraron mucho tiempo y las pocas que le sobraron del experimento las lanzó y tiró de la cadena.

Poco a poco la luz volvió a ser presente aquella madrugada del viernes al sábado y las calles se poblaron nuevamente de sombras . Distinguió una pequeña tienda todavía abierta en una esquina y se dirigió rápidamente hacia allí. Su salvación. Ni siquiera prestó atención al blanco 205 que estaba aparcado enfrente de ella con el motor en marcha , ni al chico que se encontraba apoyado fuera, junto al capó, con los brazos cruzados como quien no quiere la cosa.

- ¿Me da un paquete de Lucky?

Observó detenidamente la cara del vendedor. Estaba intranquilo, nervioso. Casi da un traspiés cuando se giró para coger el paquete. Miró a su alrededor. Solo habían dos personas más en aquel lugar. Una de ellas se había colocado junto a él, sonriéndole. El otro estaba un poco más alejado detrás de unas estanterías recogiendo varias bolsas de patatas fritas y latas de cerveza.

Aquel hombre mayor, de unos sesenta años, le tendió el paquete sin ni siquiera mirarle a la cara.

- Aquí tiene.

El dejó las monedas sobre el mostrador y recogiendo el tabaco, que inmediatamente se guardó en el bolsillo, se dirigió a la puerta de salida. El chico que hasta entonces no había dicho nada dijo:

- Un momento amigo.


(Continuará)

© Jessie